Saturday, August 16, 2014

LEAN ESTE PENSAMIENTO DE LA IMPORTANCIA DEL CRISTIANISMO PARA LOS POBRES. PORQUE LA VIDA DE LOS POBRES SERIA UN INFIERNO SIN CRISTIANISMO


 En cuanto a las mayorias de los pobres del mundo entero que estan explotados por el sistema capitalista, que no estan en la vida mas que para crear riquezas para los ricos, para servirles a los ricos y para ser utiles a los ricos capitalistas, y que no tienen otra razon de ser en sus vidas, la conversion a Cristo, el Espiritu Santo de Dios les ofrece el inestimable beneficio de mantener a las clases oprimidas por el capitalismo contentos de su destino doloroso y depresivo y de su indole de explotados por los ricos capitalistas que se benefician de el sistema capitalista impuesto a la fuerza por los partidos politicos capitalistas

 Cristo Jesus, nuestro Señor les procura a las mayoria de los pobres del mundo entero en mil ocaciones la paz de corazon, ennoblece su obediencia, les concede un poco mas de dicha y mucho mas amor para vivir con sus semejantes.  Y Cristo Jesus, nuestro Señor tiene la fuerza hasta de transfigurar, y a embellecer y a justificar en cierta medida toda la vida diaria cotidiana que les han impuesto los explotadores capitalistas de los partidos politicos capitalistas, toda la bajeza, y toda la miseria casi animal de las almas oprimidas por el sistema capitalista.  

Por eso el Espiritu Santo, la conversion a Cristo es un rayo de sol, para la mayoria de los pobres del mundo que estan siempre abrumados y explotados y hace soportable el sufrimiento que padecen las masas economicamente oprimidas.  Conforta a los pobres, los afina. Quiza no haya en el cristianismo nada tan venerable como su arte de enseñar incluso al mas humilde a elevarse mediante el espiritu de Dios a un estado de vida superior.  Y por eso mismo a seguir aguantando el capitalismo impuesto a la fuerza en contra de todos los pobres del mundo entero, ya que el cristianismo hace que la vida para los pobres que es tan dura, y tan dolorosa sea una vida mas placentera !!


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Wednesday, July 23, 2014

SUPERMAN EXPLICA A NIETZSCHE






«Sócrates debería haber sido escritor de cómic» proclama el guionista de historietas Mark Waid. Por más que la crítica cultural no valore el género, sus creadores han desarrollado todo un universo ético que se enfrenta a la realidad. Como Waid reconoce, «no es capaz de recordar más de nueve nombres de presidentes de EE UU», no obstante, sabe que para las nuevas generaciones, «el mundo que los rodea es un lugar más peligroso, injusto y jodido de lo que jamás hubieran pensado sus padres.(…) Es un lugar en el que siempre se impone el capitalismo sin freno, en el que los políticos mienten, en el que los ídolos deportivos se drogan y pegan a sus mujeres y en el que una valla blanca es sospechosa porque esconde cosas muy negras». ¿Cómo creer entonces que otro mundo es posible? «Porque la auténtica búsqueda de la sabiduría no empieza hasta que no admitimos que, en realidad, no sabemos nada». Sócrates dixit.

Dudemos. ¿No habrá más en las historietas gráficas que la simple aventura para entretener mocosos en pantalón corto? «Superman y Batman son el Platón y el Aristóteles del mundo del cómic», osa decir Tom Morris en el ensayo final del volumen. En ese momento, el lector se toma un segundo para encajar la patada en las tripas. Continúa Morris: «Platón es el filósofo teórico del ideal, pensador ultramundano, que aleja nuestra mirada de los detalles de este mundo y se centra en el modelo celestial del Bien. Superman viene del cielo, personifica nuestros ideales y está siempre comprometido con el Bien. Aristóteles, por el contrario, es un pensador terrenal, interesado en las Ciencias Naturales e inmerso en lo real y lo práctico. El inventor de la lógica (…) Análogamente, Batman es un superhéroe de este mundo, pragmático, luchador feroz que no vacila en usar todos los medios disponibles, la tecnología, las ciencias aplicadas, además de ser un detective excelso, que exhibe una lógica insuperable en todo lo que hace».






Las aventuras del universo Marvel o DC sirven para introducir todo tipo de temas. Esta el archiconocido del deber moral personalizado en Spiderman: «Todo gran poder implica una gran responsabilidad», pero hay muchos otros menos conocidos. El hecho religioso, por ejemplo. No hay muchos superhéroes que sean creyentes. Puede que Matt Murdock, Daredevil, sea el único. Y tampoco está claro si su fe es verdadera o los restos de una educación en un ambiente cristiano, marcada por el traumático abandono sufrido con la huida de su madre, hoy convertida en monja. ¿Es católico el abogado ciego de Hell's Kitchen? Tom Morris concluye que es lo más probable. No obstante, como siempre en este libro, lo llamativo del artículo no es el credo que profesa este rondador nocturno. Reflexiona sobre la extendida idea de que la fe se sustenta en el miedo y utiliza para ello la paradoja de que solo el personaje conocido como 'el hombre sin miedo' (ese es el poder de Daredevil, la incapacidad de sentir temor alguno) sea el que muestra una abierta inclinación hacia lo divino.

También se encarga el libro de la familia. Es el pasaje más flojo del texto. Seguramente porque, como los autores no se cansan de recordar, el cómic de superhéroes nace, en parte, para defender y publicitar el modo de vida y los valores de la América de los 50. La cuestión es la siguiente: ¿por qué sólo un grupo de defensores de la justicia, de los muchos equipos y ligas de superhéroes que existen, ha logrado convertirse en una familia, cuando todos presumen de ser como una familia? La respuesta, tramposa, es que Los 4 fantásticos son los únicos que representan una familia de superhéroes, y la razón: los lazos sanguíneos. No hace falta una licenciatura en Filosofía para darnos cuenta de que si p es igual a q, q es igual a p. Es decir, no es necesario un sesudo análisis que demuestre que Los 4 fantásticos se comportan como una familia, cuando todo el mundo sabe que Richard Reed está casado con Sue Store Reed y que a su vez el Hombre Antorcha es hermano de esta última. Blanco y en botella. A no ser que lo que pretenden Chris Ryall y Scout Typton en su ensayo sea insinuar que solo el sacrosanto modelo de familia tradicional puede considerarse como tal.










Saturday, May 24, 2014

IDEAS Y PENSAMIENTOS SOBRE COMO DESTRUIR EL SISTEMA CAPITALISTA


No creo que la actuación individual sea la solución, se puede convencer a unas pocas personas, pero poco más. Para mi la tarea de conectar de verdad con las masas tiene que venir de parte de las organizaciones comunistas y su militantes, no digo que el trabajo de una persona individual este mal, pero creo que es mucho más importante y efectivo el trabajo desde las organizaciones. 

Y más que propagar la palabra de Marx y de Lenin, más que con palabras me parece que se consigue con echos. No se trata de convencer a nadie, si no de hacer ver quien lucha con ellos y para ellos, que es lo que en realidad les beneficiaría, estar en cada huelga, en cada lucha de las clases populares por pequeña que sea, aunque sea una simple manifestación de unos cuantos trabajadores de una pequeña empresa, el caso es estar, organizarlos y ayudarles en cada lucha que se pueda plantear. 

El obrero que no se mueve pese a lo jodido que esté poco se va a mover por más argumentos que le sueltes, aunque incluso te de la razón, no se mueve muchas veces por el miedo a perder su empleo y ante eso, sin una organización muy fuerte no vamos a poder mover a casi nadie. Pero aquellos obreros que ya lo hacen por voluntad propia, porque están hartos de vivir aplastados y a los que la vida en el capitalismo se les hace cada vez más dolorosa, a esos, si se colabora con ellos y ven que realmente queremos lo mismo, y comprenden de que de poco sirven las acciones esporádicas, si no que tiene que ser una lucha constante, esos si que es fácil que acaben militando combatiendo el sistema si ven que no solo es palabrería, aunque en un principio no sean afines a nuestros ideales, aunque no militen, si ven que pese a todo se combate a su lado, poco a poco aunque no lo deseen y de forma inconsciente, terminarán abrazando la lucha anticapitalista.

Y otro punto que me parece muy importante es abandonar esa prepotencia, esa soberbia, ese dogmatismo y sectarismo que corrompe por desgracia muchas veces a los comunistas españoles. Creo que hay que adaptarse a los tiempos que corren, no tenemos fuerza alguna. Hay que renunciar a muchos planteamientos que aunque en la teoría sean brillantes, en la práctica resultan profundamente reaccionarios. Por poner un ejemplo son los llamamientos a la lucha armada, teóricamente como digo, es un planteamiento irrefutable, pero a la hora de aplicarlo hoy día no se puede, primero porque eso asusta a la gran mayoría de los españoles, y segundo porque, como dijo una vez Pablo Iglesias, vale, ¿pero cuantas divisiones tenéis? Pues es eso creo que en este caso nuestro querido reformista tiene razón, no tiene ninguna aplicación práctica, no podemos hacerlo.

Hay que acercarse también hacia los planteamientos que tienen más calado en la sociedad española, que realmente tiene una voluntad de cambio, pero no la sabemos canalizar hacia nosotros porque la propaganda burguesa ha puesto a nuestro discurso en una posición totalmente desventajosa, y hay que buscar nuevas fórmulas. Tenemos que colaborar con gente como Podemos, acercarnos al 15 M, que es cierto que no son comunistas, pero esa es la población con la que se puede trabajar, detrás de Pablo Iglesias hay miles de personas, detrás dle 15 M o del 22 M, millones. Y estoy de acuerdo en que ninguno nos llevará hacia una revolución socialista, ¿pero de qué sirve quedarse en la cueva? Yo se que Podemos, por ejemplo, no es la organización con la que soñamos, pero es lo mejor que hay en España, de nada sirven esas organizaciones "ortodoxas" que tienen nulo contacto con las masas. 

Movimientos como Podemos llevarán a muchos obreros a estadios de conciencia superiores de lo que jamás harán esas organizaciones, no gritarán ¡slava Stalin! Pero se postularán contra el neoliberalismo, saldrán del decadente bipartidismo y atacarán a los mercados y su omnipresencia; y eso es ya mucho más que lo que hacen esos partidos comunistas, que más que partidos marxistas, son tertulias entre amiguetes que se dan palmaditas entre si, pero a los que nadie conoce fuera de su círculo. Nuestro trabajo a de ser colaborar con los sectores más avanzados de la sociedad para aumentar aún más su conciencia de clase, aglutinar fuerzas y una vez tengamos la fuerza suficiente, capaz de tumbar el sistema, abrir un debate contra las medidas reformistas que ya no sirven para nada. Pero por el momento hay que usar lo que hay y abandonar esa prepotencia, porque lo siento mucho, pero tiene más de marxista Podemos (no se malinterprete) que muchas de esas organizaciones virulentas que no salen de la cueva. 

Hay que adaptarse a nuestro tiempo y como ya dije, usar lo que tenemos, las organizaciones más avanzadas de la sociedad española. Y solo como una precisión histórica, Lenin militó en el POSDR hasta tener suficiente fuerza el movimiento revolucionario como para combatir y tumbar el sistema abandonando a los sectores reformistas, lo mismo el M 26 J de Fidel, en el que existía un sector comunista que al final triunfó, pero no todo el movimiento lo era.


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Friday, April 11, 2014

PROUDHON, O EL DISCRETO ENCANTO DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA: LA CARTA DE MARX A ANNENKOV. PUBLICADO EN JUNIO DEL 2012 EN EL BLOG MISERIA DE LA SOCIOLOGIA

"La acción práctica y violenta de las masas es la única que puede resolver los conflictos de la sociedad moderna." - Karl Marx , versión modificada de un pasaje de la carta a P. V. Annenkov 

Karl Marx (1818-1883) y Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) se querían poco y nada. A un breve período de amistad, cuando Marx emigró de Alemania y se radicó en París (1843), le siguió una larga historia de confrontación teórica y política, que se prolongó, por parte de Marx, hasta después de la muerte de Proudhon.

Marx y Proudhon eran personalidades bien diferentes, a punto tal que puede decirse que eran tan incompatibles como el agua y el aceite. También es cierto que Marx admiró inicialmente a Proudhon. Cuando se conocieron, Marx era un joven de 25 años, Doctor en Filosofía, un perfecto desconocido en Francia, que estaba completando su acercamiento al movimiento obrero y al socialismo. Proudhon, en cambio, tenía 35 años y ya había alcanzado la fama con su libro ¿Qué es la propiedad? (1840). En verdad, cabe decir que Proudhon mostró gran deferencia al acercarse a ese alemán ignoto, que conocía a la perfección el “oscuro” lenguaje hegeliano. Hegel y el movimiento obrero fueron los imanes que posibilitaron la aproximación de ambos intelectuales. Marx estaba ávido por conocer de primera mano al autor de una obra que había sometido a una crítica feroz a la institución de la propiedad y por tener noticias de primera mano del movimiento obrero francés; Proudhon, siempre dispuesto a conocer nuevas ideas en tanto autodidacta, sentía curiosidad por la filosofía hegeliana. Sin embargo, existían también fuertes motivos que tendían a alejarlos. Marx tenía una profunda aversión por el diletantismo intelectual, y Proudhon entraba con creces en esa calificación; además, Marx poseía un carácter irascible, cosa que no contribuía al mantenimiento de una amistad duradera con personas como el francés. Proudhon, por su parte, profesaba una desconfianza visceral hacia los intelectuales (en especial los egresados de las universidades), pues era un hombre que se había hecho a sí mismo. Como si esto no bastara, pensaba que los intelectuales eran incapaces para entender al pueblo.

La ruptura entre ambos era inevitable y, por supuesto, ocurrió. No obstante, el corte de la amistad entre ambos no produjo el olvido recíproco. Al contrario, los dos se ocuparon de recordarse constantemente la bronca que se tenían. Como era de esperarse, Marx llevó la delantera y se ocupó de cubrir la figura de Proudhon de una larga serie de epítetos descalificatorios.

Hasta aquí el costado anecdótico de la relación entre Marx y Proudhon. Todo esto tiene muy poca importancia desde el punto de vista de la crítica de la sociedad capitalista. A pesar de ello, puede afirmarse que Proudhon, de manera involuntaria, jugó un rol fundamental en el desarrollo de la teoría marxista. Lejos de un mundo cartesiano de jugadores de ajedrez, la confrontación Marx-Proudhon sirve para mostrar que la bronca puede jugar un papel en el desarrollo de las teorías sobre la sociedad.

Proudhon sirvió de estímulo negativo a Marx en dos momentos centrales de la producción intelectual del fundador del materialismo histórico: 

a) en 1846-1847, cuando la publicación del libro Sistema de las contradicciones económicas, o Filosofía de la Miseria (1846), obligó a Marx a poner por escrito, en un trabajo destinado a la publicación, sus concepciones sobre la sociedad, la economía y la dialéctica. Su Miseria de la filosofía (1847) constituye, a pesar de su formato polémico, la primera exposición sistemática de la teoría marxista de la sociedad que pudo ser conocida por el público. En este sentido, representa la síntesis del trabajo desplegado en multitud de manuscritos y artículo redactados en el período 1843-1846. Y fue Proudhon el promotor no querido de la elaboración de esta pequeña obra maestra;

b) en 1857-1858, cuando la crítica de la teoría de la moneda del proudhoniano Alfred Darimon condujo a Marx a emprender la redacción del manuscrito conocido como Grundrisse. Para esa época, Marx estaba convencido de que una crisis económica desataría una nueva revolución europea, y el estallido de la crisis comercial de 1857 lo puso en un estado febril, pues quería dotar al proletariado europeo de herramientas teóricas para afrontar los desafíos del período revolucionario. En ese contexto, Marx pensaba que era de vital importancia someter a una crítica implacable a las ideas de Proudhon, cuyas posiciones opuestas a la acción política de la clase trabajadora tenían una fuerte influencia sobre el proletariado francés. 

A despecho o a causa de su carácter pequeñoburgués, el proudhonismo se convirtió en la corriente ideológica más influyente entre la clase obrera francesa hasta la masacre que marcó el aplastamiento de la Comuna de París (1871). Ganar a los trabajadores franceses para el materialismo histórico implicaba necesariamente, hasta la década de 1870, confrontar con el proudhonismo. Si se tiene en cuenta que el marxismo era una corriente política revolucionaria y no un discurso teórico destinado a amenizar el té de la tarde, es clara la significación político-ideológica de la discusión con Proudhon y el proudhonismo.

La carta dirigida por Marx al intelectual ruso Pável Vasilievich Annenkov (1812-1887), fechada en Bruselas el 28 de diciembre de 1846, representa la primera crítica de conjunto de las concepciones de Proudhon. Marx residía por entonces en Bruselas (había sido expulsado de París por el gobierno francés) y acababa de leer el Sistema de contradicciones económicas. Annenkov, como todo intelectual ruso con simpatías por el liberalismo, se hallaba interesado en todas las novedades intelectuales, y había escrito a Marx preguntándole su opinión sobre dicha obra. Ni lerdo ni perezoso, Marx aprovechó la ocasión para despacharse a fondo. Y como suele suceder con las cartas y los escritos periodísticos de Marx, la profundidad del análisis excede largamente los marcos iniciales del trabajo.

Desde el punto de vista analítico, podemos distinguir dos momentos en la carta: uno negativo, en el que Marx somete a crítica las concepciones de Proudhon, y uno positivo, donde despliega sus ideas sobre la dialéctica, sobre el papel de las fuerzas productivas en la historia y hace una reivindicación de la política de masas como respuesta de la clase trabajadora al capitalismo. 

Marx plantea que la concepción de Proudhon adolece de tres defectos fundamentales: 

1) Idealismo.

2) Carácter a-histórico.

3) Carácter pequeñoburgués, que se manifiesta en el doctrinarismo y el apoliticismo de sus teorías.

Veamos cada uno de estos puntos.

La caracterización de Proudhon como idealista no es un tema menor. Marx sostiene que “el señor Proudhon no nos ofrece una crítica falsa de la economía política porque sea la suya una filosofía ridícula; nos ofrece una filosofía ridícula porque no ha comprendido la situación actual de nuestros días en su engranaje.” (p. 147). El idealismo de Proudhon no es una cuestión académica, sino que constituye la base para comprender la naturaleza de sus teorías. 

¿En qué consiste el idealismo proudhoniano?

Consiste en que, “a su modo de ver, el hombre no es más que un instrumento del que se vale la idea o la razón eterna” (p. 150). Según esta concepción, los seres humanos son títeres de las ideas, y esas ideas que los manipulan no son otra cosa que la ideología dominante (la ideología burguesa), convertida por Proudhon en expresión de la Razón eterna, de la Justicia, etc., etc. 

¿Cuál es la fuente del idealismo proudhoniano?

Marx indica dos fuentes, una de carácter gnoseológico, y otra referida a la condición de clase de Proudhon. Según la primera, atribuye a la “falta de conocimientos históricos” del francés la incapacidad de éste para ver que “las categorías económicas no son más que abstracciones de estas relaciones reales [que entablan los seres humanos al desarrollar sus fuerzas productivas] y que únicamente son verdades mientras esas relaciones subsisten. Por consiguiente, incurre en el error de los economistas burgueses, que ven en esas categorías económicas leyes eternas y no leyes históricas, que lo son únicamente para cierto desarrollo histórico, para un desarrollo determinado de las fuerzas productivas.” (p. 153). En otras palabras, la concepción idealista de Proudhon es producto de la ignorancia de la historia. Se trata de un razonamiento simplista, poco digno de Marx. Si se es consecuente con esta explicación, Marx, en vez de dedicarse a criticar a Proudhon, debería haberle dado clases de historia, para disipar sus errores en el campo de la teoría social. El conocimiento no nos hace libres… Sin quererlo, Marx incurre en otra variante del idealismo que tanto reprocha a Proudhon.

Pero en la misma carta, Marx esboza otra explicación del idealismo proudhoniano, la que resulta mucho más fructífera que la anterior, pues permite poner en relación las ideas (el idealismo) con una determinada posición social (la pequeña burguesía) que, a su vez, genera una praxis particular: “El señor Proudhon es de pies a cabeza un filósofo y un economista de la pequeña burguesía. En una sociedad avanzada, el pequeño burgués, por virtud de la posición que en ella ocupa, se hace socialista de una parte y economista de la otra, es decir, se siente deslumbrado por la magnificencia de la gran burguesía y experimenta a la vez simpatía por los sufrimientos del pueblo. Es al mismo tiempo burgués y pueblo. En su fuero interno se ufana de ser imparcial, de haber encontrado el justo equilibrio, que tiene la pretensión de distinguirse del término medio. Ese pequeño burgués diviniza la contradicción, porque la contradicción constituye el fondo de su ser. El no es otra cosa que la contradicción social en acción.” (p. 158). El idealismo ya no es un error (el producto del error), sino una manifestación de una determinada posición de clase. El idealismo proudhoniano surge en la condiciones de vida de la pequeña burguesía y no en los cielos platónicos. 

¿Qué consecuencias lleva aparejado el idealismo de la teoría social de Proudhon?

El idealismo hace que Proudhon sea incapaz de ver la naturaleza de la sociedad moderna, en el sentido de que sirve de barrera para percibir la relación entre las ideas económicas y sociales y la forma en que los seres humanos producen su existencia. Peor aún, la existencia práctica de los hombres (que es, a la vez, el único ambiente en que pueden desarrollarse las ideas – los académicos también tienen que ganar dinero para poder ir de compras al supermercado - ) queda reducida a una cáscara que envuelve a las ideas, que son concebidas como lo único verdaderamente importante: “Cuando el señor Proudhon reconoce que no comprende en absoluto el desarrollo histórico de la humanidad – como lo hace al emplear las palabras rimbombantes de razón universal, Dios, etc. -, ¿no reconoce también implícita y necesariamente que es incapaz de comprender el desarrollo económico? (p. 148). La industria, la fábrica, eran terra incognita para Proudhon. Sólo si se ignora, por ejemplo, el contenido de la relación asalariada se puede llegar a pensar que la explotación asalariada de los trabajadores es producto de la injusticia social.

El idealismo proudhoniano tiene su correlato en el carácter a-histórico del pensamiento del francés. Proudhon opone los buenos principios de la organización social a los malos principios, y puede hacer esto precisamente porque deja de lado la historia que hacen y viven los seres humanos. “El señor Proudhon sólo puede hacer una crítica dogmática, pues no concibe nuestras instituciones sociales como productos históricos y no comprende ni su origen ni su desarrollo.” (p. 153). Dicho de otro modo, Proudhon puede dedicarse a inventar una historia de los principios morales y éticos porque deja de lado la historia que crean y sufren los mortales con el sudor de sus frentes.

Dejar de lado la historia es coherente con la concepción proudhoniana de la propiedad y de la producción mercantil. A despecho de su famosa frase “la propiedad es un robo”, Proudhon fue un celoso defensor de la pequeña propiedad de campesinos, artesanos y tenderos. Su rechazo iba dirigido contra la gran propiedad y el monopolio. Proudhon quería la producción mercantil, pero ajustada a los pequeños productores. En lo posible, nada de fábricas, ninguna concentración de los medios de producción. Ahora bien, la producción capitalista no nace de un repollo. En el mundo occidental, la economía mercantil fue una condición necesaria para el desarrollo del capitalismo. De modo que no puede afirmarse que la economía mercantil sea un camino alternativo al capitalismo ni que el pequeño propietario constituya el sujeto de la revolución socialista. Pero este es el camino elegido por Proudhon. Para ello, se ve obligado a transformar al capitalismo en un problema moral (carácter injusto del monopolio) y a ignorar la historia, pues esta última muestra con claridad la falacia de las morales absolutas (del tipo de la “Justicia Eterna”).

El idealismo y la a-historicidad del planteo proudhoniano tienen sus raíces en la posición social y el comportamiento político de la pequeña burguesía francesa. Proudhon expresa la disconformidad de ese sector social ante la expansión del capitalismo. Marx señala que el doctrinarismo y el rechazo de la política son rasgos en los que se plasma esa visión pequeñoburguesa. Proudhon “hace lo que hacen todos los buenos burgueses. Todos ellos nos dicen que la competencia, el monopolio, etc., en principio, es decir, considerados como ideas abstractas, son los únicos fundamentos de la vida, aunque en la práctica dejan mucho que desear. Todos ellos quieren la competencia, sin sus funestos efectos. Todos ellos quieren lo imposible, a saber: las condiciones burguesas de vida, sin las consecuencias necesarias de estas condiciones. (…) para ellos, el hombre burgués es la única base posible de toda sociedad (…), no pueden imaginarse un estado social en que el hombre haya dejado de ser burgués.” (p. 156). 

Marx sostiene que el carácter pequeñoburgués de Proudhon se manifiesta en el doctrinarismo de sus teorías. En este punto, idealismo y mentalidad pequeñoburguesa van de la mano. Si la realidad social aparece como un misterio y/o el producto de la maldad de los monopolios, es comprensible que se la piense con frases y que se la resuelva también con frases. Así, Proudhon puede oponer la idea de justicia a la idea de injusticia. La pequeña burguesía no tiene una alternativa real a la organización capitalista de la sociedad; desde el punto de vista material, y librada a sus propias fuerzas, no puede hacer mucho más que rezongar contra la gran propiedad y proponer paliativos para las crisis periódicas de la pequeña propiedad (crisis que, por supuesto, acompañan el desenvolvimiento del ciclo económico). Las únicas clases que pueden dar respuesta a los problemas del capitalismo son la gran burguesía y la clase obrera. Proudhon, pequeño burgués por antonomasia, ni puede ir más allá del horizonte de su clase social: “El señor Proudhon es, pues, necesariamente, un doctrinario. El movimiento histórico que está revolucionando el mundo actual se reduce, para él, al problema de encontrar el verdadero equilibrio, la síntesis de dos ideas burguesas.” (p. 156).

NOTA:

Todas las citas de la carta a Annenkov han sido tomadas de la traducción española incluida en Marx, Karl. (1981). Miseria de la Filosofía: Respuesta a la 'Filosofía de la Miseria' del señor Proudhon. Moscú: Progreso (pp. 147-159).

Wednesday, April 2, 2014

AMIGOS COMUNISTAS-BOLIVARIANOS LEAN ESTE ARTICULO SOBRE LAS PASIONES Y EMOCIONES POSITIVAS REVOLUCIONARIAS QUE DEBEMOS APLICAR EN NUESTRAS VIDAS PARA PODER TUMBAR EL SISTEMA CAPITALISTA GLOBAL

El tipo hombre Hugo Chavez, el hombre que establece las metas, el hombre del futuro leyendo un libro de Nietzsche, el filosofo de los grandes hombres  !!

PASIONES, EMOCIONES Y PATRONES DE CONDUCTAS QUE DEBEMOS TENER LOS COMUNISTAS-BOLIVARIANOS !!

El orgullo, el pathos de la distancia, la gran responsabilidad, la exuberancia, la magnifica animalidad, los instintos guerreros, los instintos violentos, los instintos agresivos y conquistadores, la divinizacion de la pasion, de la venganza, de la bravura, de la astucia, de la ira, de la voluptuosidad, de la aventura, del reconocimiento.  Debemos negar el ideal moralista y muy noble, atraves de la divinizacion y exaltacion de la belleza, la sabiduría, el poderio, la magnificencia y la peligrosidad del tipo hombre: el hombre que establece las metas, el hombre del “futuro”. La riqueza de personalidad, la plenitud de si mismo, la superabundancia y el deber , el bienestar instintivo y la afirmación personal es lo que en definitiva constituye el gran sacrificio y el gran amor. Un fuerte y divino sentido de lo personal es lo que da madures a estas pasiones, con tanta certidumbre como el deseo de dominar, de avanzar, como la certidumbre interior de tener un derecho sobre todos. Los sentimientos contrarios según la acepción vulgar, equivalen a un mismo sentimiento; y si no conservamos nuestro propio pellejo y en el nos mantenemos serenos y valientes, no hay nada que dar y es perfectamente inútil tender la mano para proteger y sostener.

La firmeza de dominio de si-mismo, el carácter inquebrantable, la paz como consecuencia de una larga implacable, la calma profunda, el estado de defensa, la fortaleza, la desconfianza guerrera, la firmeza de principios, la unidad de la voluntad y de la ciencia, el respeto de si-mismo.

¿SON REALIZABLES ESTAS PASIONES Y VALORES?

Si, pero estan condicionados por la temperatura, los niveles de humedad y el clima, de forma semejante al ideal indio. Para esto hay que odiar trabajar, estar lejos de la muchedumbre, las actividades del gobierno y el estado, comunidad cultural, jurisdicción. El saber, la educación y las buenas maneras, el capitalismo y el comercio. Tambien hay que separar todo lo que constituye la utilidad y el valor del hombre, porque nos envuelve con una idiosincrasia del sentimiento afectivo. Hay que odiar a los partidos tradicionales, y ser nacionalista ante todo, no dilapidar las fuerzas que tenemos, no discutir (guardar las energias y las fuerzas para la revolucion)

Practicar el entrenamiento con pesas para adquirir fuerza muscular y dominio sobre los burgueses y los capitalistas, ya que ellos son realmente debiles de voluntad y de poderio. Aplastar a las oligarquias es nuestro objetivo.

Leer por lo menos durante un tiempo textos revolucionarios, biografias de los grandes hombres y superhombres, y libros anarquistas para destruir al capitalismo. Estas cualidades solamente pueden ser posibles dentro del mas firmemente cimentado y ordenado sistema de gobierno, estado y vida social.


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Wednesday, March 26, 2014

FOQUISMO O MARXISMO-LENINISMO? TEXTO PUBLICADO EN TIEMPOS ROJOS, EN MARZO 2014. INCLUYE LA HISTORIA EXCITANTE Y LA TEORIA DEL PARTIDO (ELIAS SEMAN)


“[Debemos] oponernos al punto de vista puramente militar y a la mentalidad de ‘insurrectos errantes’, y reconocer que el Ejército Rojo es propagandista y organizador de la revolución china.” | Mao, Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de China (1936)

A fines de la década de 1960, con mucho estruendo fue lanzado el libro de Régis Debray “Revolución en la revolución” en el que sin temor al ridículo se presentaba una “tercer vía” para conquistar el poder que todos los marxistas habían fracasado en percibir hasta ese momento.

Si bien es cierto que el libro de Debray no tuvo nunca un influencia real en el movimiento obrero (a pesar de que fue bien recibido por los círculos académicos, cajas de resonancia de la opinión dominante), muchos de los denominados partidos guevaristas que surgieron tras la revolución cubana siguieron en la práctica -quizá sin saberlo- al pie de la letra las “enseñanzas” del francés Debray.

La teoría del foco (o el “foquismo”, como se la suele conocer) de Debray revisa radicalmente la teoría marxista-leninista en cada uno de sus principios esenciales; sustituye la hegemonía y la disciplina proletaria por la hegemonía pequeñoburguesa y las relaciones anárquicas, la clase por los individuos, los partidos proletarios por los “focos” insurreccionalistas de indisciplinados pequeñoburgueses adictos a la espontaneidad, el materialismo histórico por el materialismo mecánico ingenuo, el análisis científico por los deseos, etc.

Para ilustrar un poco esta teoría que no tiene nada en común con el marxismo, ofrecemos a continuación un fragmento del libro “El partido marxista-leninista y el guerrillerismo” del marxista argentino Elias Seman, quien fuera desaparecido por la dictadura militar en 1978.

La historia del excitante y la teoría del partido

Elias Seman

(Diciembre de 1964)

La tesis guerrillerista sostiene la posibilidad de generar condiciones subjetivas de conciencia, organización y dirección revolucionarias mediante la instalación de un foco guerrillero en una zona social y geográficamente apta para su supervivencia. La presencia de un foco de estas características en nuestro país, despertaría condiciones subjetivas en las masas rurales a las que estaría directamente ligada la existencia del foco. El asentamiento del foco guerrillero en una amplia base social campesina, le permitiría irradiar su influjo revolucionario sobre el proletariado industrial.

En resumen, la tesis del foco puede enunciarse así: cuando faltan condiciones subjetivas de conciencia, organización y dirección para iniciar la lucha armada por la toma del poder, el foco guerrillero es capaz de crearlas. El foco guerrillero podría -de acuerdo a esta tesis- erigirse en el dirigente y organizador de la lucha de la clase obrera y el pueblo, estimulando, a través de la lucha armada, el desarrollo de la conciencia revolucionaria.

Un grupo de jóvenes, organizados en un destacamento guerrillero totalmente desvinculados de la clase obrera y demás clases explotadas y de las organizaciones políticas a través de las cuales estas clases se expresan, podría convertirse, de acuerdo a la tesis guerrillerista, en vanguardia armada de las masas. La historia de las clases se dividiría así, profundamente, en dos: antes y después de la aparición del foco guerrillero. Este se injertaría en el proceso de la lucha de clases, dotado de la facultad de modificarlo. Al margen de la historia pasada de la clase obrera y del nivel de conciencia que la resume, el foco inaugura una historia en la que introduce a la clase obrera. Las operaciones guerrilleras realizadas por compañeros revolucionarios en la provincia de Salta, fueron una aplicación de esta tesis -tal cual la hemos expuesto- a nuestra realidad.

En el curso de su historia, la clase obrera ascendió el camino que va desde la lucha espontánea por sus intereses inmediatos a la lucha conciente destinada a derribar la sociedad capitalista. El marxismo, su pensamiento e influencia sobre el movimiento obrero, señalan un momento fundamental en este pasaje del proletariado de clase en sí a clase para sí.

Si Marx aportó principalmente el conocimiento de las leyes objetivas de la sociedad capitalista que conducen a su propia negación, correspondió a Lenin enunciar las leyes subjetivas que rigen el proceso revolucionario, y cuya correcta aplicación permite a la clase obrera arrancar el dominio del Estado a las clases explotadoras y conquistar el poder político.

La teoría marxista leninista ha guiado la lucha mundial contra el capitalismo imperialista. Esta doctrina, que se verificaba como justa en la lucha de la clase obrera, se enriquecía con cada experiencia que hacía más vasto y profundo su contenido.

Uno de los elementos fundamentales que integra la teoría leninista de la revolución, es el que se refiere al carácter del Partido como dirigente de la clase obrera en la lucha por la toma del poder político. El leninismo planteó la imposibilidad de la clase obrera de rebasar, por si misma, los límites de las luchas inmediatas económicas espontáneas contra los capitalistas y que sólo la fusión de la ideología revolucionaria con la clase revolucionaria, era capaz de orientar una acción tendiente a negar al capitalismo como sistema. El leninismo sostuvo que sin la mediación del Partido revolucionario, que sintetiza la experiencia de la clase obrera y las conquistas del pensamiento marxista, el proletariado sólo podía resistir al capitalismo sin trascender sus límites. Y que para derrotar al capitalismo, la lucha de los obreros debía estar guiada por el Partido que elevara la práctica de la clase para enfilarla hacia la toma del poder político y la construcción del socialismo.

La vinculación dialéctica entre el elemento espontáneo y el elemento conciente constituye la esencia de la concepción leninista del Partido. Si el elemento espontáneo es incapaz por sí mismo de transformar la lucha de la clase obrera en lucha revolucionaria, el elemento conciente es impotente para modificar la realidad si desconoce el curso objetivo de la lucha espontánea.

José Stalin expuso así este problema fundamental: “La estrategia política, lo mismo que la táctica política, está relacionada con el movimiento obrero. Pero el movimiento obrero mismo se compone de dos elementos: el objetivo espontáneo y el subjetivo conciente. El elemento objetivo espontáneo es el grupo de procesos que operan independientemente de la voluntad conciente y reguladora del proletariado (…). La estrategia no tiene nada que hacer con estos procesos ya que no puede ni suprimirlos, ni modificarlos; puede únicamente tenerlos en cuenta y partir de ellos (…). Pero el movimiento tiene, además, un aspecto subjetivo, conciente. El aspecto subjetivo del movimiento es el reflejo de los procesos espontáneos del movimiento en el cerebro de los obreros, es el movimiento conciente y metódico del proletariado hacia una meta determinada. El interés de este aspecto del movimiento, para nosotros, reside precisamente en que a diferencia de su aspecto objetivo, depende por entero de la acción orientadora de la estrategia y de la táctica”. [8]

Y definiendo la necesidad del Partido para centralizar la dirección del proceso y unificar “las diversas formas de lucha en un todo único” como requisito fundamental de la victoria, Stalin escribió: “La cuestión de si es necesario o no el Partido del proletariado y su papel. El Partido es la oficialidad y el Estado Mayor del proletariado que dirige todas las formas de lucha del proletariado, en todos los aspectos de la lucha, sin excepción, y que une las diversas formas de lucha en un todo único. Decir que el Partido Comunista es innecesario significa decir que el proletariado debe luchar sin Estado Mayor, sin un núcleo dirigente que estudie de un modo especial las condiciones y elabore los métodos de lucha; significa decir que es mejor combatir sin Estado Mayor que con él, lo cual es estúpido”. (9)

La concepción leninista del Partido aplica el principio marxista de que la existencia determina la conciencia. A su vez, si la situación material de la clase obrera genera su conciencia, el Partido, que es la forma superior en que esta conciencia se objetiva, incide en la modificación de la realidad material. En el curso de la experiencia de la clase obrera, el Partido va profundizando su relación con la clase, hasta convertirse en el destacamento organizado capaz de conducir a la totalidad del proletariado. De este modo, la concepción leninista del Partido supera tanto el objetivismo que reduce la realidad a las condiciones objetivas, como el subjetivismo que sustituye la realidad por el voluntarismo revolucionario.

La tesis foquista es total y absolutamente antagónica con la concepción leninista del Partido. Esta tesis pretende escindir el elemento conciente del elemento espontáneo en el desarrollo de la revolución. No determina el ascenso de la conciencia de la clase obrera a partir de su lucha espontánea, sino a partir de la acción del destacamento guerrillero. El origen de la conciencia de clase del proletariado no radicaría en la experiencia directa de la clase obrera, sino en la experiencia indirecta que le suministraría el foco guerrillero. No sería a través de la experiencia de la lucha de clases, y de la síntesis de esta experiencia por el Partido revolucionario, como el proletariado accede a su conciencia, sino mediante un estímulo acelerador de la lucha de clases representado por la acción guerrillera.

En la etapa de gestación de la teoría leninista de la revolución, encontramos antecedentes que registran una asombrosa semejanza con la aparentemente novedosa y original tesis foquista. Estos antecedentes que reflejaban la desconfianza en la clase obrera y en su capacidad revolucionaria, fueron marcados a fuego por Lenin. La tesis del foco refleja, hoy, aquella desconfianza hacia la clase obrera y su rol histórico que el leninismo denunció.

Criticando la tendencia a desarrollar la violencia al margen de la clase obrera, Lenin la calificó como característica de los “que no saben o no tienen la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario al movimiento obrero para formar un todo. A quien haya perdido por completo su fe en esa posibilidad o no la haya tenido nunca, le es realmente difícil encontrar para su sentimiento de indignación y para su energía revolucionaria otra salida que el terror”. (10)

Y frente a los precursores de los que hoy proponen agudizar la lucha de clases injertando ajenos estímulos a su curso real y objetivo, Lenin desarrolló el papel insustituible de la clase obrera y su Partido: “Cabe preguntar si es que existen en la vida rusa tan pocos abusos, que aún faltan medios ‘excitantes’ especiales. Y, por otra parte, si hay quien no es excitable ni siquiera por la arbitrariedad rusa, ¿no es acaso evidente que seguirá contemplando también el duelo entre el gobierno y un puñado de terroristas, sin que nada le importe un comino? Se trata justamente de que las masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa, pero nosotros no sabemos reunir si es posible expresarse de este modo, y concentrar las gotas y arroyuelos de la excitación popular que la vida rusa destila en una cantidad inconmensurablemente mayor de lo que todos nosotros nos figuramos y creemos, y que hay que reunir precisamente en un solo torrente gigantesco”. (11)

La tesis del foco invoca a su favor, la existencia de talismanes técnicos que consagrarían la invencibilidad de la guerrilla y su facultad de convertirse en vanguardia armada de la lucha del pueblo. De acuerdo a esta tesis tendríamos, por una parte, la invulnerabilidad de la guerrilla que aplique las leyes de la guerra revolucionaria en un terreno social y geográficamente favorable y, por la otra, la vulnerabilidad de las masas y de las organizaciones de masas en las ciudades ante la acción de los servicios represivos. Y de aquí deducen los partidarios de la tesis guerrillerista, la necesidad de iniciar y conducir el proceso insurreccional a través del foco guerrillero. Una circunstancia de índole técnica y militar, pasaría a ser la determinante del contenido y la forma de la lucha de clases.

Nosotros entendemos que la clase obrera y su conciencia, son los elementos principales del proceso histórico, y que a esta condición principal debe subordinar una estrategia revolucionaria los aspectos tácticos de carácter técnico y militar. Así por ejemplo, si la técnica militar guerrillera impone la iniciación de la lucha armada en las zonas agrarias, no podemos supeditar a esta consideración táctica la línea estratégica que hace del proletariado la vanguardia de las clases explotadas en la lucha por la toma del poder. No es posible fundar sólo en la excelencia de una técnica militar revolucionaria, el desarrollo de una lucha insurreccional y prescindir de la clase que debe llevar sobre sus espaldas el mayor peso de la revolución.

Lenin contestó en un artículo sobre el aventurerismo revolucionario, la pretensión de obviar las dificultades de la lucha de clases con la infalibilidad de los recursos técnicos: “La teoría de la transferencia de fuerzas se complementa de un modo natural con la teoría de la inaprehensibilidad, teoría que pone patas arriba no solo toda la experiencia del pasado, sino incluso todo lo que dice el sentido común. Que la única ‘esperanza’ de la revolución es ‘la masa’ y que solamente la organización revolucionaria dirigente (de hecho y no de palabra) de esta masa puede luchar contra la policía, constituye el abecé”. (12) Y calificó de “estupidez fabulosa y delirante” la ilusión de salvar la fragilidad de las masas y sus organizaciones ante la acción represiva, por la “inaprehensibilidad” -también invocada como argumento determinante en la tesis del foco- de los terroristas individuales aislados de la masa.

Y expresando cómo se traducía en la estructura organizativa del Partido la subordinación de lo militar a lo político, Lenin escribió: “(…) El incondicional dominio y voto decisivo para la organización proletaria de carácter general, la total subordinación a ésta de todas las organizaciones militares y de choque, la necesidad de constituir estas organizaciones de choque íntegramente con cuadros obreros socialdemócratas partidistas…, todo esto, está fuera de dudas para nosotros”. (13)

Si el leninismo denunció el carácter antiproletario de toda política que buscaba en la violencia aislada de las masas un agente histórico, que no reconocía en la clase obrera y su conciencia, también señaló el deber revolucionario de la vanguardia de los trabajadores de dirigir las luchas violentas que estos libran espontáneamente, y de presidir y guiar la lucha armada por la toma del poder. Comparando el significado opuesto que asume la violencia en función del contenido proletario o no proletario de la política que la promueve, Lenin escribió: “Aquí nos vamos a permitir una pequeña digresión respecto de las acciones guerrilleras de los destacamentos de combate. Nosotros creemos que es erróneo compararlas con el terror de viejo tipo. El terror era el fruto de la venganza contra determinadas personas; era el resultado de la conspiración de grupos intelectuales. No tenía ninguna vinculación alguna con el estado de ánimo de las masas. No se propone la preparación de dirigentes combativos de las masas. El terror era resultado -como así también el síntoma y el compañero- de la falta de fe en la insurrección, de la falta de condiciones para la insurrección”. “(…) las acciones guerrilleras de los destacamentos de combate formados desde hace tiempo por ambas fracciones socialdemócratas en todos los grandes centros o movimientos y que están formadas -fundamentalmente- por obreros, se hallan ligadas, sin duda alguna, y del modo más estrecho y más directo, con el estado de ánimo de las masas”. (14)

Lenin, que negó el papel de la violencia como sustituto de la conciencia de masas, sostuvo, claramente, la responsabilidad de la vanguardia obrera de encabezar las acciones de guerrillas urbanas surgidas como forma de lucha de la clase obrera rusa: “La lucha guerrillera es una forma de lucha inevitable en tiempos en que el movimiento de masas ha llegado ya, de hecho, hasta la misma insurrección, y en que se abren intervalos más o menos grandes, entre las ‘grandes batallas’ de la guerra civil”. (15)

Y destacando la necesidad de desarrollar el trabajo revolucionario, para construir una política igualmente alejada del aventurerismo de la violencia ajena a las masas -reiterado hoy por el guerrillerismo- como del desprecio por la violencia en el ejercicio de una política de masas consecuente -reiterado hoy por el revisionismo-, Lenin levantó la perspectiva justa, y por eso mismo, perdurable: “Sin negar para nada en principio la violencia y el terror, exigimos que se trabajara para preparar aquellas formas de violencia que contaran con la participación directa de las masas y aseguraran esta participación. No cerramos los ojos a la dificultad de esta tarea, pero trabajaremos en ello firmemente y con ahínco, sin dejarnos desconcertar por frases como la de que se trata de un futuro lejano e indefinido”. (16)

Hemos visto como la tesis guerrillerista tiene sus antecedentes en teorías y prácticas opuestas al marxismo leninismo. Sin embargo, pretende respaldarse en la experiencia histórica y en el ejemplo de las revoluciones victoriosas de China, Argelia y Cuba.

La guerra revolucionaria conducida por el Partido Comunista Chino, surge como la justa respuesta del partido del proletariado a las peculiares condiciones de la lucha de clases en China. Refiriéndose a estas condiciones Mao Tse-tung escribe: “En los países extranjeros ningún partido burgués necesita fuerzas armadas bajo su comando directo. Pero China constituye un caso distinto. Debido a las divisiones feudales del país, cualquiera de los bloques o partidos de terratenientes o burgueses que posea las armas posee también el poder y el que tenga más armas tiene mayor poder. El partido del proletariado que se encuentra en estas circunstancias debe entender con claridad el centro de la cuestión”. (17)

La historia de la revolución china demuestra que entre aquella experiencia revolucionaria y la tesis foquista no existe vinculación alguna. Mientras esta revolución verifica, una vez más, el papel dirigente del Partido que aplica los principios del marxismo leninismo a la realidad china, la tesis foquista niega la función que la ideología del proletariado atribuye a éste y su Partido.

Argelia constituía una colonia francesa. La dominación del imperialismo francés impuso una estructura caracterizada por el régimen semifeudal de producción agraria. Los reducidos sectores obreros estaban ligados por lazos culturales nacionales y económicos a la metrópoli imperialista, y divorciados de la lucha secular que libraba el pueblo argelino contra la opresión extranjera. La tarea histórica del campesinado, estaba determinada por los objetivos democráticos y nacionales de la lucha antiimperialista y por la correlación de clases en la sociedad argelina.

Si la tesis del foco es extraña a la experiencia de la revolución china, tampoco los principios antileninistas del guerrillerismo tienen nada que ver con la experiencia del campesinado argelino. La guerra revolucionaria de Argelia, no registra antecedentes en la presencia de algún foco generador de condiciones subjetivas, sino que, por el contrario, es el producto de las condiciones subjetivas que la opresión material había desarrollado en las masas, y de la experiencia de las formas de lucha ejercidas por el pueblo argelino para conquistar su independencia.

En la lucha contra la dictadura de Batista, Fidel Castro formó el movimiento 26 de Julio, que tenía su origen en uno de los partidos tradicionales cubanos y que fue la expresión radicalizada de la pequeña burguesía contra la política tradicional. Este movimiento contó con arraigo en la pequeña burguesía y se apoyó en contradicciones internas de la burguesía cubana, circunstancias que determinaron la neutralidad del imperialismo yanqui en las primeras etapas de la revolución.

Al iniciarse la guerra de guerrillas con el desembarco de Fidel Castro y sus camaradas de armas en diciembre de 1956, el movimiento 26 de Julio logró incorporar a la lucha al campesinado cubano. Este, conducido por la pequeño burguesía, fue el respaldo social que permitió el triunfo de la revolución democrática el primero de enero de 1959.

El valor y la entereza revolucionarias de la dirección encabezada por Fidel Castro, la presencia del campo socialista y la participación del Partido Socialista Popular, decidieron la transformación de la revolución democrática en revolución socialista.

Esta apretada síntesis de la revolución cubana, demuestra que obedeció a las leyes generales que rigen los procesos revolucionarios y a las peculiares condiciones de la situación histórica en Cuba. Sólo en el análisis de las características que asumió la lucha de clases, podemos encontrar la verdadera clave del triunfo revolucionario, y extraer las necesarias conclusiones para la lucha de los pueblos de América Latina.

De la consideración aislada de las formas que tomó la lucha armada en Cuba, se pretende deducir que la guerra de guerrillas generó condiciones subjetivas independientemente del curso general de la lucha de clases. El punto de vista correcto, en cambio, enseña que las condiciones subjetivas -producto de la lucha de clases en Cuba- que formaron el movimiento 26 de Julio y erigieron a Fidel Castro en líder nacional son las que crean la lucha armada.

Si el movimiento 26 de Julio pudo modificar su contenido de clase en el curso de la lucha armada, fue porque como movimiento político contaba con un apoyo de clases que permitiría su transformación ulterior. Sin este apoyo de clases -que la determina y explica-, la lucha guerrillera habría sido incapaz de generar por si misma condiciones subjetivas.

Las revoluciones de Cuba y Argelia entrañan valiosas lecciones para el movimiento comunista internacional. Olvidarlas significa negarse a reconocer, en la experiencia histórica, elementos que deben incorporarse a la teoría, provisto de la cual el proletariado es invencible.

Los partidos comunistas de Cuba y Argelia subestimaron la capacidad revolucionaria del campesinado en la lucha general contra el imperialismo, y la importancia de la insurrección armada en la lucha por la toma del poder. Estos errores, cuyas consecuencias perduran, fueron verdaderos crímenes cometidos por esos partidos contra el movimiento revolucionario de sus países.

El revisionismo conjuga ambos errores, en una línea general que pretende imponer al movimiento comunista internacional, tendiente a frenar la lucha de liberación de los países coloniales y dependientes del imperialismo.

Si este es -desde la perspectiva del internacionalismo proletario- el aspecto más importante de nuestro juicio con referencia a las revoluciones de Cuba y Argelia, como revolucionarios argentinos reiteramos nuestra posición. Interpretar erróneamente la revolución cubana -que señala al proletariado de América Latina la lucha armada como la única vía para la toma del poder- y la revolución argelina, atribuyendo a estos procesos características distintas a las que realmente tuvieron, y pretender aplicar la generalización del error a un país cuyas condiciones particulares son absolutamente distintas a las de Cuba y Argelia, constituye una actitud doblemente criminal contra los intereses del proletariado y de la revolución argentina.

El internacionalismo proletario que une nuestra lucha a la lucha de la clase obrera y de los pueblos oprimidos del mundo, nos impone asimilar las experiencias revolucionarias de Cuba y Argelia, señalar el camino justo de la revolución argentina y combatir, sin concesiones, las desviaciones que retrasan su desarrollo.

Notas

[8]  Stalin. Obras. Editorial Fundamento. Tomo V, pág. 157.

(9)  Idem anterior, pág. 75.

(10) Lenin. Obras Completas. Editorial Cartago. Tomo V, pág. 425.

(11) Idem anterior, pág. 427.

(12) Lenin. Obras Completas. Editorial Cartago. Tomo VI, pág. 188.

(13) Idem anterior. Tomo XIII, pág. 395.

(14) Idem anterior. Tomo X, pág. 111.

(15) Idem anterior. Tomo XI, pág. 213.

(16) Idem anterior. TomoVI, pág. 192.

(17) Mao Tse-tung. Obras Escogidas. Editorial Platina. Tomo II, pág. 32.