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Monday, May 2, 2016

COMUNICADO DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAñA MARXISTA-LENINISTA-MAOISTA SOBRE LA NECESIDAD DE LA UNION DE TODOS LOS MARXISTAS-LENINISTAS DE ESPAñA Y EL MUNDO ENTERO


¡VIVA EL 1º DE MAYO! 

¡INCUESTIONABLEMENTE, EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO ES ÚNICA BASE DE UNIDAD Y CONDICIÓN DE LOS COMUNISTAS!

¡PARA EL PROLETARIADO, LAS MASAS Y LAS NACIONES OPRIMIDAS, SÓLO LA DIRECCIÓN DE UN PARTIDO COMUNISTA ES GARANTÍA DE TRIUNFO SOBRE EL IMPERIALISMO Y LOS REACCIONARIOS!


Desde los años sesenta, todos los servicios de seguridad del imperialismo apuntan como enemigo principal del orden imperialista dominante a lo que ya denominaban como maoístas. Aún sin haber sido definido por los comunistas el Maoísmo como tercera etapa y principal de la ideología del proletariado, el imperialismo y la reacción mundiales, ya habían comprendido la verdad incuestionable de que el Maoísmo es la fase de desarrollo superior y última del Marxismo. En los ochenta, Bajo la incuestionable dirección del Pte. Gonzalo, al frente del Partido Comunista del Perú, el Maoísmo es definido como tercera etapa y principal de la ideología de la clase. En el fragor de la guerra popular del Perú, en 1987, el Partido Comunista del Perú y el Partido Comunista de España, marcando un pequeño hito histórico, llaman a Enarbolar, Defender y Aplicar el Marxismo-Leninismo-Maoísmo, principalmente Maoísmo. Es pues, perentorio que los comunistas comprendamos y asumamos la verdad incuestionable de que el Maoísmo es la tercera etapa y principal del Marxismo.

Desde Carlos Marx, se nos plantea la necesidad de buscar y unir a los comunistas del Mundo. Hoy nos corresponde asumir y aplicar esta tarea con mayor firmeza y decisión. La necesidad de fortalecer el vínculo entre los partidos comunistas y organizaciones revolucionarias y trabajar en función de la Revolución Proletaria Mundial, es tarea que reafirma la condición comunista. Comprender la situación del Mundo y la lucha contra el imperialismo y el revisionismo, ver especialmente la definitiva entronización del Maoísmo, la construcción de Partidos Comunistas con Línea Roja Proletaria y Bases de Unidad Partidaria en función del Poder, son puntos cardinales que nos reafirman y marcan, no solo nuestro derrotero, si no la marcha de la revolución, así como su perspectiva.

El imperialismo, consciente de los claros objetivos de los comunistas, pretende dividir a los verdaderos Partidos Comunistas y aplastarlos con patrañas, intrigas e infiltraciones. Los servidores del imperialismo al seno de los comunistas, conscientes e inconscientes, desvirtúan la Lucha de Dos Líneas, atacan a su dirección y a las Bases de Unidad Partidaria. También hay quiénes guiados por criterios que nada tienen que ver con la concepción del mundo del proletariado, quiénes guiados por criterios revisionistas y oportunistas, confunden la necesidad de unidad de los comunistas, de los marxistas-leninistas-maoístas, y reaccionan, ante nuestra búsqueda de unidad, vertiendo acusaciones de que únicamente se trata de "buscar avales". La necesidad y obligación de unidad de los comunistas, se asume o se niega. La asumen los auténticos comunistas guiados por una línea roja proletaria; la desvirtúan y niegan aquéllos en los que en sus cabezas anidan ideas y líneas oportunistas de derechas, posiciones escisionistas y posturas izquierdistas. Para los comunistas, lo que es necesidad, se define, se asume y se cumple, y su práctica es el único criterio que marca su auténtica condición. La necesidad de buscar la unidad y lograrla en base a los principios y objetivos del proletariado, las masas y las naciones y pueblos oprimidos por el imperialismo, es expresión de nuestro incuestionable Internacionalismo Proletario.

Mostrando su auténtico pavor a los Partidos Comunistas y su ideología, el imperialismo sustenta y genera organizaciones revisionistas de verbo radical, que pregonan y hacen lucha armada. La lucha armada, por sí misma, no lleva a la toma del Poder, únicamente un Partido Comunista, con una Línea Roja Proletaria al frente, militarizado y que sea capaz de aplicar la estrategia militar del proletariado a las condiciones concretas de cada revolución: la Guerra Popular, que impulse la creación de las milicias obreras y de masas, que impulse el mar armado de masas, es garantía de triunfo. Es por ello que hemos de intensificar e incrementar la lucha ideológica, enarbolando como aspecto fundamental el persistir en la estrategia general que marca el Marxismo-Leninismo-Maoísmo, reafirmándonos en la cuestión de la unidad de los comunistas, la defensa y desarrollo del marxismo-leninismo-maoísmo y combatiendo el revisionismo y las posturas frentistas que hoy se manifiestan, ya que desvirtúan la unidad de los comunistas y niega los principios.

Partimos de que estamos en un momento de transición del repliegue a la nueva gran ola de la Revolución Proletaria Mundial y el Marxismo-Leninismo-Maoísmo y su aplicación concreta, es la única base de unidad que puede garantizar el correcto derrotero de las luchas que hoy se desenvuelven y dirigir la Revolución Mundial. El aumento de las luchas del proletariado y las masas por el Mundo, la guerra popular en Nepal, las luchas de la juventud en Francia, etc., son muestras fehacientes de este tránsito de repliegue a Nueva Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial. Día a día, el proletariado, las masas y las naciones y pueblos oprimidos por el imperialismo, avanzarán irremediablemente en sus luchas clamando revolución y comprenderán la necesidad de tomar el Poder en sus manos. Sólo un Partido Comunista, con una Línea Roja Proletaria al frente, bregando de forma incansable, puede conducirnos, pues éste es su estado mayor y único capaz que dirigirá todo el proceso de lucha contra el imperialismo, la Revolución Socialista, la de Nueva Democracia y la Revolución Cultural Proletaria, hasta el comunismo.

De suma importancia y necesidad, es la construcción del Partido de la clase, del Partido de vanguardia del proletariado, con Base de Unidad Partidaria Marxista-Leninista-Maoísta, principalmente Maoísta, porque este es el más alto desarrollo de la ideología del proletariado. Un Partido Comunista tiene como tarea principal el Poder, aplicando a las condiciones concretas de cada revolución la estrategia general del Marxismo-Leninismo-Maoísmo y desarrollando la correcta lucha de dos líneas en su seno y la lucha de clases, hasta el triunfo final. El Partido Comunista, dotado de infinita entrega y confianza en el proletariado y las masas, es su instrumento para demoler el viejo orden de opresión y explotación y construir un nuevo Poder, a través de los Consejos Obreros, estableciendo la Dictadura del Proletariado en el fragor de la lucha de clases, en cualesquiera de sus manifestaciones y especificaciones, impulsando una gran movilización y politización del proletariado y las masas. Porque la clase es una sola, solo ha de tener un único Partido, una sola ideología. Que el proletariado se dote de su Partido Comunista, es necesidad histórica.

En este 1º de Mayo, nos reafirmamos en nuestro compromiso con el Internacionalismo Proletario, en luchar incansablemente por la entronización del Maoísmo, la construcción de Partidos Comunistas, en continuar bregando por la culminación de la Reconstitución del Partido bajo la firme y roja guía del Pte. Víctor, y en servir al proletariado y las masas en su lucha por sacudirse toda manifestación de opresión y explotación.

¡Gloria al Marxismo-Leninismo-Maoísmo!

¡Viva el Internacionalismo Proletario!

¡Por la Unidad de los Comunistas en Base al Marxismo-Leninismo-Maoísmo!

¡Viva el Partido Comunista de España y su Jefatura el Pte. Víctor!

Mayo 2006

Comité Central

Partido Comunista de España

Thursday, August 29, 2013

LOS PARTIDOS COMUNISTAS DEL PAIS DEBERIAN FOMENTAR EN EL MOVIMIENTO OBRERO SINDICAL, COMITES PARA LA UNIDAD OBRERA


Para entender la necesidad de desarrollar, dentro del movimiento obrero-sindical, los llamados CUO, hay que ir más allá del fracaso de los sindicatos mayoritarios en la defensa de los intereses de la clase obrera frente al capitalismo durante el periodo democrático.

Si tales sindicatos acertaron o se equivocaron en determinadas luchas o reivindicaciones, si les faltó firmeza o energía, o rapidez, en ciertas ocasiones, o incluso si sus puestos directivos han sido ocupados por personas inadecuadas, son cuestiones irrelevantes ahora. De hecho, incluso si las personas más honestas y capaces hubiesen ocupado su lugar, y se hubiesen desarrollado correctamente las luchas y las reivindicaciones, ha habido, desde la raiz misma de la lucha obrera, un elemento que la ha torcido y que la ha condenado al fracaso en terminos generales durante este periodo.

La cuestión ni es nueva ni es misteriosa, y está perfectamente puesta en claro por Marx, cuando distingue dos ámbitos: la circulación de mercancías y la producción de mercancías:

"La órbita de la circulación o del cambio de mercancías, dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, el verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, sólo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad, y Bentham. La libertad, pues el comprador y el vendedor de una mercancía, v. gr. de la fuerza de trabajo, no obedecen a más ley que la de su libre voluntad. Contratan como hombres libres e iguales ante la ley. El contrato es el resultado final en que sus voluntades cobran una expresión jurídica común. La igualdad, pues compradores y vendedores sólo contratan como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente. La propiedad, pues cada cual dispone y solamente puede disponer de lo que es suyo. Y Bentham, pues a cuantos intervienen en estos actos sólo los mueve su interés. La única fuerza que los une y los pone en relación es la fuerza de su egoísmo, de su provecho personal, de su interés privado.

Precisamente por eso, porque cada cual cuida solamente de si y ninguno vela por los demás, contribuyen todos ellos, gracias a una armonía preestablecida de las cosas o bajo los auspicios de una providencia omniastuta, a realizar la obra de su provecho mutuo, de su conveniencia colectiva, de su interés social.

Al abandonar esta órbita de la circulación simple o cambio de mercancías, adonde el librecambista vulgaris va a buscar las ideas, los conceptos y los criterios para enjuiciar la sociedad del capital y del trabajo asalariado, parece como si cambiase algo la fisonomía de los personajes de nuestro drama. El antiguo poseedor de dinero abre la marcha convertido en capitalista, y tras él viene el poseedor de la fuerza de trabajo, transformado en obrero suyo; aquél, pisando recio y sonriendo desdeñoso, todo ajetreado; éste, tímido y receloso, de mala gana, como quien va a vender su propia pelleja y sabe la suerte que le aguarda: que se la curtan."  (El Capital, Tomo 1, Sección 2, Cap 4, 3.Compraventa de la fuerza de trabajo)

La descripción no podría ser más exacta, y si Marx a veces escribe con estilo difícil, la experiencia cotidiana de todos nosotros se encarga de aclarar cualquier punto oscuro.

Por un lado tenemos una órbita de la circulación, donde reina la seguridad jurídica: libertad, igualdad, propiedad, y beneficio. Esto es el mercado, y los consumidores sabemos el alto grado en que, como tales, la sociedad nos protege. Los derechos de los consumidores, las organizaciones de consumidores, los institutos de defensa de consumidores y usuarios, la implacabilidad de la justicia ante las violaciones de estos derechos, forman un vivo entramado que hace sentirse poderoso y protegido incluso al más humilde consumidor. Si descubriéramos que en el restaurante en el que acabamos de comer, nos han servido un flan caducado -aunque sea por horas- lo menos grave que podríamos hacer sería abroncar a los camareros y marcharnos sin pagar.

Nótese que en tal situación, la fecha de caducidad estampada en el envoltorio del flan se convierte en un título jurídico de primera categoría, que da al consumidor la capacidad de hacer que se tambalee cualquier manifestación del poderoso capitalismo.

Por desgracia la mayoría de los consumidores son también trabajadores, alternativamente. Consumidores fuera de la jornada laboral. Trabajadores durante la jornada laboral. Trabajadores de 9 a 17. Consumidores el resto del tiempo, mientras el cuerpo aguante y quede dinero. Trabajadores en la fábrica, consumidores en cualquier otro sitio.

Y en la fábrica -en la órbita, no de la circulación, si no de la producción- las cosas cambian. Ahí ya no entramos como consumidores, sino como trabajadores. Entramos como mano de obra, para ser nosotros mismos consumidos por quien paga y manda, el empresario. El sí sigue siendo ahí dentro un consumidor pleno de derechos, con lo que ello implica. Nosotros sabemos que cuando estamos dentro de la fábrica haremos todo lo que él nos ordene. Sea cual sea nuestra categoría profesional (si es que nuestra legislación laboral aún distingue categorías), soldaremos si se nos manda soldar, fregaremos si se nos manda fregar, empaquetaremos si se nos manda empaquetar, y traeremos cafés si al jefe le apetece. Y si nos manda quedarnos hasta más tarde de nuestra hora de salida, nos quedaremos, y si no respeta nuestros descansos, nos callaremos, y si se salta las medidas de seguridad o de formación, da igual, no protestaremos. Ni se nos ocurre esgrimir, en esas circunstancias, nuestro contrato de trabajo, diga lo que diga. Si nuestra hora de salida debió ser hace 45 minutos, nos aguantamos. Aquí no hay hora, ni fecha de caducidad que valga. Esto no es un flan caducado, es un simple trabajador cansado. No hay organización de usuarios, ni legislación que nos proteja, y todo lo que podemos hacer es dar gracias por tener un trabajo y no perderlo.

La situación en su conjunto, vista con ojos proletarios, es curiosa. Tenemos una especie de doble estatuto jurídico, según la hora del dia. Nuestra libertad y nuestro derecho son máximos cuando no estamos trabajando, pero se reducen a la nada durante las horas de trabajo.

Y resulta paradójico comparar por una parte el poder supremo que una fecha de caducidad estampada en un flan nos da en un restaurante como consumidores, con el por otra parte valor nulo de las claúsulas de los contratos de trabajo de los trabajadores de ese restaurante, o de otro cualquiera.

Esta paradoja no es una anomalía, si no el resultado de que los conceptos de Libertad, Justicia, Propiedad e Igualdad que reinan en nuestra sociedad sean puramente burgueses. Y como "la ideología de la clase dominante es la ideología de las clases dominadas", esa forma de analizar la realidad ha impregnado y contaminado también las instituciones encargadas de encabezar la lucha proletaria: los sindicatos.

Pero este texto no va contra los sindicatos. Si han sucumbido a la salvaje arremetida del capitalismo desquiciado de los últimos 30 años, no han sido los únicos. La ola capitalista ha borrado practicamente todo a su paso, e incluso el más ferreo marxismo-leninismo tuvo sus momentos dubitativos tras la caida de la URSS.

Los sindicatos, son necesarios, y hoy más necesarios que nunca. Deben ser defendidos y reivindicados, regenerados, y su poder debe aumentar, su número de afiliados debe multiplicarse, su actividad debe encaminarse hacia la unión efectiva de la clase obrera, haciendo especial hincapié en el despertar de la conciencia que todo proletario debe tener respecto al hecho crucial de la lucha de clases: que la propiedad privada de los medios de producción no es algo que brote espontaneamente de la naturaleza, que es un producto de la historia, y que mediante cambios en el equilibrio de fuerzas sociales esa propiedad puede modularse y matizarse en beneficio de los trabajadores- sin que ello suponga transgredir ninguna ley fundamental de la humanidad- e incluso abolirse.

Este es el objetivo con el cual nacen los CUO, extender esa conciencia entre la clase obrera, independientemente de la filicación sindical, y dotar a todas las luchas de una unidad de acción edificada sobre esa base ideológica.

No hace falta argumentar que la unidad de acción es necesaria. Las protestas aisaldas de los trabajadores de cada sector, o de cada centro se encontrarían de frente con el bloque único capitalista, que las aplastaría sin despeinarse.

Pero incluso la unidad de acción, una solidaridad obrera masiva, sería inútil si descansase sobre una base equivocada. Los temibles y viejos cantos de sirena de la socialdemocracia reformista son un peligro real, que diluiría las luchas masivas en derrotas sin freno. Millones de obreros arrastrados a protestar en defensa del estado del bienestar se encontrarían, tras un par de manifestaciones, solos, divididos, cansados, perdidos, estupefactos e impotentes. El fascismo, por su parte, es otro peligro nada hipotético, si la necesidad de la clase obrera de sentir que hace algo para cambiar las cosas no se transforma en un conocimiento objetivo acerca de por qué hay que cambiar las cosas, si no en rabia lumpenizada.

La lucha en defensa de los sectores públicos y otros derechos que se consiguieron a base de sangre y fuego, ahora amenazados, es importantísima, pero no debe ser considerada la lucha esencial de la clase obrera en estos tiempos. Siguiendo el analisis marxista que distingue circulación (mercado) de producción(trabajo), esas reivindicaciones caen dentro de la órbita de la circulación. Defienden una sanidad pública, o una educación pública, más como consumidores que como trabajadores. Esto no quita importancia a tales luchas. En su momento se consiguió arrancar esos compromisos a la burguesía, y ahora la burguesía los reclama. No se debe ceder ni un ápice en la lucha contra el expolio de los servicios públicos, pero si queremos llevar las de ganar, debemos marcar nosotros las reglas de la batalla.

En el corazón del Estado, en los principios morales de la sociedad, terrenos que la burguesía ha ocupado unanimemente, y desde donde proclama lo que es la Libertad, la Democracia, la Propiedad, y otras cosas, siempre de acuerdo a sus intereses de clase, el proletariado debe estampar sus propias concepciones, sin el menor complejo, temor, ni verguenza, echando a la burguesía a un lado, para hacerse con un sitio propio, del que ahora carece. Esa es la lucha que debe ser considerada esencial, y sólo así se dara coherencia y unidad a las demas luchas que la clase obrera debe encarar sin flaqueza en lo que se avecina.

Y la clase obrera sólo tiene una manera de hacer esto: afirmarse como tal, allí donde se convierte en clase obrera: en los centros de trabajo.

"Afirmarse como tal" significa alzar la voz, y postularse como dueña de su propio destino. Reclamar, no una mejora salarial, no unas condiciones sanitarias, no tal o cual favor, si no reclamar su condición de clase generadora de la riqueza social, y su derecho a participar en el fruto de su trabajo. La clase obrera debe atreverse a ejercer el mando en los centros de trabajo, y a refrenar sin pudor cualquier altanería por parte de los empresarios.  Eso es reclamar la parte correspondiente del pastel, y lo demás son migajas.

La lucha de los CUO es pues, por así decir, una lucha hacia abajo. Desde los centros de trabajo hacia las entrañas de la sociedad, hacia el régimen de producción.  Sin CUO no habrá revolución, pero es peor aún. Sin CUO no habrá nada dentro de unos años, excepto Sociedades Anónimas y esclavos.



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Saturday, May 11, 2013

EL PARTIDO BOLSHEVIQUE, EL GRAN AUSENTE EN LA HISTORIA DE TROTSKY


texto publicado en mayo de 2013 en el blog Crítica Marxista-Leninista

del libro de Tony Cliff, All Power to the Soviets, Lenin 1914-1917, Haymarket Books, Chicago, 2004, pp. 7-9. 

Traducción de Thiago R.

contiene extractos del prefacio del libro "All Power to the Soviets", del trotskista británico Tony Cliff 


En el post anterior, publicamos un artículo que criticaba la interpretación de Trotsky sobre la revolución de Febrero de 1917. El autor, Jason Yanowitz, sostenía que el libro la "Historia de la revolución rusa" de Trotsky tiene como notable defecto minimizar el papel desempeñado por las organizaciones revolucionarias, especialmente del Partido bolchevique. De esta forma, Trotsky respaldaba la tesis de la espontaneidad de la revolución de Febrero, pese a rechazarla formalmente. En esta oportunidad, reproducimos extractos del prefacio al libro "All Power to the Soviets", segundo volumen de la biografía de Lenin que escribiera el renombrado trotskista británico Tony Cliff. En este breve comentario, Cliff va más lejos que Yanowitz: hace extensivo el "defecto" mencionado a todo el periodo que abarca la citada obra de Trotsky. Cliff dice que en la "Historia de la revolución rusa" de Trotsky el gran ausente es el Partido bolchevique. El trotskista británico trata de explicar y hasta cierto punto justificar esta actitud, consciente y voluntaria, de Trotsky al momento de escribir. Sin embargo, la de Trotsky es una postura que vicia su versión de la historia de la revolución rusa, porque no se apega a los hechos y porque está plagada del subjetivismo antibolchevique de Trotsky. Las críticas de Yanowitz y Cliff son críticas desde dentro del trotskismo, constituyen el reconocimiento de la evidente falta de honestidad de Trotsky al momento de escribir sobre la revolución rusa.

bolcheviques arengando a las masas en Petrogrado - 1917


El libro de Trotsky [“Historia de la revolución rusa”] tiene grandes fortalezas pero, en mi opinión, tiene un serio defecto. Empecemos con las fortalezas: la revolución es analizada y descrita de manera excelente, como un acontecimiento en que millones de oprimidos, que estuvieron sometidos durante siglos, se levantan y dicen su palabra. Los cambios en la consciencia de los obreros, campesinos y soldados en las fervientes condiciones de la lucha son bellamente descritos. 

Lo único notablemente olvidado es el Partido Bolchevique: sus militantes de base, sus cuadros, sus comités locales, su Comité Central. Este vacío en el trabajo de Trotsky debe ser entendido –hasta cierto punto– como una imagen invertida de la distorsión stalinista del papel del Partido Bolchevique en 1917. 

En la leyenda stalinista, con unas cuantas insignificantes excepciones, el Partido Bolchevique siempre siguió la voluntad de Lenin. El partido era prácticamente monolítico. Nada más lejos de la verdad. Una y otra vez Lenin tuvo que luchar para ganarse a los miembros de su partido. Mientras en abril su principal problema fue vencer el conservadurismo de los máximos líderes del partido, en junio e inicios de julio tuvo que lidiar con la impaciencia revolucionaria de los líderes y militantes de base. En setiembre y octubre tuvo que luchar para que la dirección del partido diera el gran salto hacia la insurrección: muchos de los impulsivos de abril, junio y julio –incluyendo la Organización Militar Bolchevique y el Comité Petersburgo del Partido– ahora eran demasiado cautos. 

Trotsky, que estuvo fuera del campo bolchevique desde su formación hasta después de la revolución de Febrero (uniéndose oficialmente al partido a fines de julio de 1917), estaba naturalmente ansioso de probar que ser un “viejo bolchevique” no significaba estar en lo correcto en todo. La actitud política del liderazgo bolchevique antes del regreso de Lenin a Rusia y la oposición de los más prominentes líderes a la insurrección demuestran que Trotsky tenía una base. Sin embargo, en el proceso de probarlo, minimizó al partido en su conjunto. A lo largo de su “Historia” el partido es raramente mencionado. No hay una exposición sistemática, por ejemplo, de los diferentes roles del Comité Distrital de Vyborg, del Comité de Petersburgo y de la Organización Militar Bolchevique. Como el Partido Bolchevique era un partido de masas profundamente enraizado en la clase obrera, los desniveles dentro de la clase –digamos entre el proletariado de Petrogrado y de Odesa– naturalmente tenían una seria influencia en el trabajo del partido. Esto no queda claro en el libro de Trotsky. 

Para transformar la palabra en acción era necesario un partido centralizado. Pero ¿cómo trabajó realmente el partido Bolchevique durante la revolución? Durante la guerra estuvo constituido por una gran cantidad de pequeños grupos, algunos con flojos vínculos orgánicos pero la mayoría separados unos de otros y de Lenin que estaba en el extranjero. ¿Cómo esos grupos locales fueron organizados en un partido combativo y coherente? ¿Cómo trabajaba la administración del partido? ¿Qué tipo de gente eran los cuadros del partido, cuál era su extracción social, sus edades, su experiencia política? 

Las masas –obreros, campesinos y soldados– aparecen con toda su pasión y grandeza en la “Historia” de Trotsky... pero el partido está casi siempre ausente. Esto afecta el papel desempeñado por Lenin en el drama histórico. Como resultado de los eventos de 1917 y los posteriores, Trotsky llegó a admirar a Lenin más que a ninguna persona en su tiempo. Sin falsa modestia, vio a Lenin como a un maestro y a sí mismo como un discípulo. En la “Historia” hay muchas frases como esta: “Además de las fábricas, las barracas, las villas, el frente y los soviets, la revolución tenía otro laboratorio: el cerebro de Lenin”. Sin embargo, Lenin no podía relacionarse con las masas sino a través del partido. 

El papel del partido fue elevar el nivel de consciencia y organización de la clase obrera, explicar a las masas sus propios intereses, dar una expresión política clara a las emociones y pensamientos de las masas. Si el partido fue necesario para dar confianza al proletariado acerca de su propio potencial, así también fue el papel de Lenin en relación con el partido. Para que Lenin se relacionara con las masas –para que sus consignas encontraran el camino hacia ellas y para que él aprendiera de las masas– tenían que existir los cuadros del partido. Que prácticamente todo lo que Lenin escribió en 1917 fue dirigido a los miembros del partido está probado por el simple hecho de que, en su punto más alto, la prensa del partido tenía una circulación sólo marginalmente mayor al número de militantes del partido. Las Tesis de Abril fueron dirigidas realmente a los miembros del partido, y sus escritos sobre la insurrección –prácticamente todos, en pocas copias, en pequeñas hojas de papel– fueron dirigidos a los cuadros del partido. El éxito de Lenin en armar el partido en abril y guiarlo a través de los súbitos cambios de abril, junio, la intentona golpista de Kornílov y finalmente la insurrección... se debió al hecho de que él personificaba la tradición del bolchevismo y a que tenía la confianza de los cuadros del partido como producto de muchos años de una ardua lucha revolucionaria. Lenin influyó en el partido y el partido influyó en la clase, y viceversa. El proletariado creó el partido y el partido formó a Lenin. 

...De hecho, como la revolución fue el zenit de las actividades de Lenin, del partido y del proletariado, la fusión de los tres alcanzó su clímax en ese momento.


soldados bolcheviques en Petrogrado - 1917

Monday, January 28, 2013

LIBROS QUE TODO COMUNISTA DOMINICANO DEBE LEER PROPUESTO POR LA LIGA DE LA JUVENTUD COMUNISTA DE MEXICO. INCLUYE LINKS DE DESCARGA DE ESTOS TEXTOS COMUNISTAS

Los dominicanos vamos a tener que conseguir muchas ametralladoras Gatlging como Arnold Shwartzenegger en esta matando al monstruo en esta escena de la pelicula El Despredador


Tres partes y tres fuentes que integran el marxismo
Autor: V. I. Lenin
http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/CPM13s.html

Karl Marx (Breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo)
Autor: V. I. Lenin
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/carlos_marx/index.htm

Manifiesto del Partido Comunista
Autor. K. Marx y F. Engels
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

¿Qué hacer? 
Autor: V. I. Lenin
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/index.htm

Principios y normas leninistas de vida del PartidoAutor: L. Slepov
http://xa.yimg.com/kq/groups/15942035/1235219456/name/principios_y_normas_len.pdf

El Estado y la revoluciónAutor: V. I. Lenin
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/index.htm

Sobre el Estado (Conferencia pronunciada en la Universidad de Sverdlov del 11 de julio de 1919
Autor: V. I. Lenin
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/11071919.htm

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico
Autor: J. Stalin
http://www.bvsst.org.ve/documentos/pnf/sobre_el_materialismo_dialectico_y_el_materialismo_historico.pdf

Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política
Autor: K. Marx
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

Trabajo asalariado y capital
Autor: K. Marx
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/49-trab2.htm

El capital
Autor: K. Marx
tomo I - http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/

tomo II - http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital2/

tomo III - http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/